Irán endurece el pulso por Ormuz en plena negociación con Estados Unidos

Las conversaciones impulsadas por Omán avanzan entre profundas discrepancias sobre el control del estrecho, mientras Irán advierte a los países del Golfo y los hutíes elevan la presión sobre las rutas comerciales.


La posibilidad de un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz ha situado a Irán ante una oportunidad inédita para ampliar su autoridad sobre una de las rutas energéticas más importantes del mundo, aunque las negociaciones permanecen lejos de cerrarse y avanzan bajo la amenaza constante de una nueva escalada militar. El proyecto que discuten Teherán y Mascate contempla que los buques que entren en el Golfo naveguen
por aguas iraníes, una condición que modificaría el equilibrio existente antes del inicio del conflicto con Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.


Mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, ha presentado las conversaciones como un proceso próximo a dar resultados, responsables iraníes y fuentes regionales sostienen que todavía quedan asuntos decisivos por resolver. Washington no se ha pronunciado públicamente sobre la última propuesta y mantiene su rechazo a que Teherán controle el acceso a una vía por la que circula una parte esencial del suministro
mundial de energía.


Entre las cuestiones pendientes figura el alcance real de la supervisión iraní, ya que los países del Golfo pretenden participar en las inspecciones de los barcos y reclaman que cualquier pago asociado al tránsito tenga carácter voluntario. Irán aspira a cobrar entre un cinco y un siete por ciento del valor de las cargas, mientras Omán plantea una tasa cercana al tres por ciento y Estados Unidos defiende que la navegación se restablezca sin
tarifas.


Aunque Teherán asegura que se han alcanzado entendimientos fundamentales con Omán, las diferencias también afectan a los barcos que abandonan el Golfo. La propuesta concede a Irán un papel claro en la entrada de embarcaciones, pero no define con precisión su autoridad sobre el tráfico en dirección contraria, un punto especialmente sensible para los gobiernos árabes y para Washington.


Al mismo tiempo que negocia una salida diplomática, el Gobierno iraní ha trasladado a varios países del Golfo que responderá contra instalaciones energéticas y otros objetivos regionales si Estados Unidos vuelve a atacar su territorio. El aviso fue comunicado mediante contactos del ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, con responsables de Arabia Saudí, Catar, Turquía y Pakistán, según fuentes conocedoras de las conversaciones.
Con esa advertencia, Teherán trata de aumentar el coste político y económico de cualquier nueva ofensiva estadounidense, pues varios aliados de Washington albergan bases militares y dependen de la exportación de petróleo y gas. 

Las posibles represalias incluirían refinerías, yacimientos, redes eléctricas, sistemas de abastecimiento de agua e infraestructuras de transporte. Ante el riesgo de que el enfrentamiento se extienda por toda la región, Arabia Saudí, Catar y Omán han pedido a Washington que mantenga abierta la vía negociadora. El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, instó a Trump a retrasar cualquier operación militar y favorecer un alto el fuego, aunque Riad también ha advertido de que responderá si su territorio resulta atacado.


Mientras se intensifican los contactos diplomáticos, el tránsito por Ormuz y por el estrecho de Bab el Mandeb ha sufrido una caída drástica. Los datos recopilados por Kpler muestran que el miércoles apenas dos barcos cruzaron Ormuz, frente a los ocho registrados durante la jornada anterior y los aproximadamente 130 o 140 que solían atravesarlo cada día antes del inicio de la guerra.


En Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, la reducción fue igualmente acusada, ya que solo pasó un buque de mercancías después de que el día anterior lo hicieran veinte. El descenso coincidió con el anuncio de los hutíes de Yemen de que habían lanzado misiles contra dos petroleros saudíes, uno cerca de la ciudad portuaria de Yanbu y otro en el golfo de Adén.


Pese a la gravedad de las afirmaciones, Arabia Saudí no ha confirmado que los ataques se produjeran. Los hutíes, respaldados por Irán, mantienen desde el mes pasado lo que describen como un bloqueo naval contra el reino saudí en respuesta a un supuesto cerco sobre Yemen, una acusación que Riad rechaza. A medida que los buques evitan las zonas de riesgo, la crisis marítima comienza a ejercer una presión creciente sobre las capitales implicadas. Para Estados Unidos, la reapertura de Ormuz exige garantizar la libertad de navegación sin reconocer un control iraní
permanente, mientras Teherán pretende convertir su posición militar en una ventaja negociadora duradera.


Con las principales rutas del Golfo operando muy por debajo de sus niveles habituales y las instalaciones energéticas bajo amenaza, el margen para prolongar las conversaciones se estrecha. El resultado dependerá de que las partes encuentren una fórmula que permita restablecer el tráfico sin entregar a Irán una autoridad que sus vecinos consideran excesiva y sin provocar una nueva ofensiva capaz de extender el conflicto a toda la
península arábiga.

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Campus Internacional para la Seguridad y Defensa