Hezbolá entre en el nuevo frente de la presión de Washington

La presión de Estados Unidos sobre Irán está entrando en una nueva fase en la que Washington pretende apoyarse con más fuerza en las sanciones económicas mientras la tensión continúa reflejándose en una de las rutas marítimas más importantes del mundo. El estrecho de Ormuz mantiene un tráfico extraordinariamente reducido y, al mismo tiempo, la Administración estadounidense prepara nuevas medidas contra Teherán y
amplía su ofensiva financiera sobre Hezbolá, al que acusa de actuar estrechamente ligado al aparato iraní.

Los datos de navegación muestran hasta qué punto la incertidumbre sigue condicionando el movimiento de mercancías por Ormuz, ya que durante ayer apenas siete buques dedicados al transporte de materias primas atravesaron el estrecho, aproximadamente la mitad que el día anterior. Cuatro entraron en la zona y tres salieron, mientras que entre ellos no figuró ningún gran petrolero de crudo ni ningún metanero de gas natural licuado. Antes del comienzo de la guerra en febrero, por esta vía circulaba cerca de una quinta parte de los cargamentos mundiales de petróleo y gas natural licuado, lo que explica por qué cualquier alteración prolongada tiene consecuencias mucho más allá de Oriente Próximo.

Mientras el tráfico marítimo sigue lejos de recuperar la normalidad, Washington ha decidido elevar el tono de su campaña económica contra Teherán y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha anunciado que el Gobierno prepara lo que definió como el paquete de sanciones más duro aplicado hasta ahora contra Irán. Los detalles están previstos para el próximo lunes y llegan después de que Donald Trump amenazara con
imponer consecuencias económicas a los países, empresas e instituciones que ayuden al Gobierno iraní a sortear el aislamiento estadounidense.

La apuesta de la Casa Blanca parece orientada a aumentar el coste económico para Irán sin recurrir de inmediato a una nueva ofensiva militar de gran escala, una idea que el propio Bessent vinculó con la estrategia de máxima presión. El anuncio tuvo una reacción rápida en los mercados y los precios del petróleo alcanzaron el jueves su nivel más alto en más de tres semanas, en un momento en el que millones de barriles procedentes de Oriente Próximo continúan afectados por las dificultades para navegar con normalidad por la región.

Sin embargo, la efectividad de esa estrategia dependerá en buena medida de la capacidad estadounidense para cerrar las vías comerciales que todavía permiten a Irán vender su petróleo, y ahí aparece China como una pieza especialmente difícil de encajar. Según datos, más del 80 por ciento del crudo iraní transportado por mar tenía como destino China. Pekín ya ha respondido que las sanciones y la presión no ayudarán a
resolver el conflicto y ha defendido una salida política y diplomática, mientras Washington evita aclarar hasta dónde estaría dispuesto a llegar contra empresas o intereses chinos relacionados con Irán.

Teherán, por su parte, ha rechazado las nuevas amenazas estadounidenses y sostiene que décadas de restricciones económicas no han modificado sus posiciones fundamentales. El Ministerio de Exteriores iraní calificó las medidas impulsadas por Washington como una forma de presión destinada a debilitar al país y aseguró que no alterarán su determinación política, una respuesta que anticipa otro choque prolongado si las
sanciones anunciadas el lunes alcanzan la dimensión prometida por la Administración estadounidense.

La ofensiva económica estadounidense se está extendiendo además hacia la red regional de aliados de Irán y el Departamento del Tesoro ha anunciado también nuevas sanciones contra Hezbolá, acompañado de una nueva designación que busca remarcar su relación con el Gobierno iraní y con la Fuerza Quds (división de operaciones especiales y el brazo extraterritorial de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica). La medida alcanza también a diez personas acusadas por Estados Unidos de participar en redes destinadas a trasladar dinero hacia el grupo libanés, entre ellas un empresario turco al que Washington atribuye la gestión de una estructura de intermediarios y casas de cambio
utilizada para mover fondos entre distintos países de la región y Líbano. Aunque un funcionario estadounidense señala que estas medidas contra Hezbolá son independientes del nuevo paquete que se prepara específicamente contra Irán, ambas decisiones reflejan una misma intención de dificultar el acceso a financiación, cuentas bancarias y mecanismos de transferencia utilizados por Teherán y sus aliados. 

Las sanciones estadounidenses permiten congelar activos bajo jurisdicción de Estados Unidos y limitar las operaciones de las entidades financieras con las personas y organizaciones incluidas en sus listas, lo que amplía el riesgo para empresas extranjeras que mantengan
relaciones con los afectados.


A esta presión económica se suma el hecho de que los intentos diplomáticos de los últimos meses no han logrado estabilizar la situación, ya que Estados Unidos e Irán anunciaron acuerdos de alto el fuego en abril y junio que se deshicieron poco después. La falta de un entendimiento duradero ha mantenido la navegación por Ormuz en niveles anormalmente bajos y ha convertido el control de las rutas energéticas en una de las principales herramientas de presión dentro del conflicto.

La cautela de las navieras tampoco se limita al golfo Pérsico, puesto que el tráfico por el estrecho de Bab el Mandeb descendió el jueves hasta 23 buques de materias primas frente a los 34 registrados en cada uno de los dos días anteriores. Tampoco atravesaron esa vía grandes petroleros ni metaneros de gas natural licuado, una señal de que la preocupación por la seguridad marítima se extiende a varios puntos esenciales para el
comercio energético entre Asia, Oriente Próximo y Europa.


Con las conversaciones entre Washington y Teherán todavía bloqueadas, el escenario inmediato dependerá de hasta dónde alcance el nuevo régimen de sanciones y de la respuesta de los principales socios comerciales iraníes. Mientras esa incógnita continúa abierta, el número de barcos que se atreve a cruzar Ormuz ofrece una medida especialmente visible de la tensión regional, porque cada jornada con el tráfico reducido
confirma que la confrontación política está teniendo efectos directos sobre el comercio, el suministro energético y las decisiones de compañías que operan a miles de kilómetros del frente.

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Campus Internacional para la Seguridad y Defensa